sábado, mayo 24, 2008

La crisis del PP (III): El nasty party


Creo que los que consideran que el Partido Popular debe actualizarse en el próximo congreso del mes de junio para dejar de aparecer ante una parte de los ciudadanos como un partido antipático, un nasty party, están profundamente equivocados. Es el caso de Esperanza Aguirre, la primera en hablar del nasty party y, hasta ahora, la única en afirmar que el PP debe renovar sus principios ideológicos ("Y para presentarnos ante los ciudadanos españoles con nuestras políticas puestas al día, el próximo Congreso es una inmejorable oportunidad. Allí nos toca renovar y actualizar nuestros principios ideológicos y nuestras líneas programáticas", lean, lean). Si la bobada vacua de ponerse al día y actualizar la ideología la hubiese soltado (o la hubiere soltado) cualquier día de estos el nuevo PP de Rajoy, asistiríamos a una nueva oleada de dimisiones, amagos de dimisiones, dimes, diretes, deserciones, fríos y calamidades retransmitidas en directo por Libertad Digital, la Cope y El Mundo. Pero lo dijo la Aguirre, y el conjunto de su discurso fue elogiosamente recibido, sólo porque servía para arrearle a Mariano Rajoy.

Es cierto que el PP es un nasty party, un indiscutible partido antipático en muchas partes de España; no sólo eso: es un partido-desagüe sobre el cual se expelen todas las excrecencias de los socialistas y los nacionalistas. Pero lo de ser un antipático a otros les ha funcionado muy bien, al menos por mi tierra: los gandules estudiantes de veterinaria que llenaron de mierda la fachada de la sede del PP en Barcelona, los militantes de IU en Hospitalet que amenazaron con cortarle el cuello al cabeza de lista del PP en 2003, los que en las tierras del Ebro hacían pintadas pidiendo a ETA que matara a los miembros del PP favorables al trasvase, el caso de Manuel Belda, la muchedumbre que intentó agredir a Piqué y Rato el 12 de marzo de 2004, la campaña del "tú estás contra Catalunya y yo no"; todos los que montaron esas historias sí que son verdaderamente antipáticos, y no les ha ido nada mal. Por desgracia, todo eso es fruto de una trama de ficciones que identifica al PP con el enemigo a abatir, y dudo de que ninguna actualización cosmética pueda subvertirla. Contra la trama de ficciones, como la que estos días mantiene convencidos a algunos de que Mariano Rajoy es un colaboracionista, basta con decir la verdad.