domingo, noviembre 14, 2004

Elegancia y decoro

Dice Aristóteles que el hombre es un animal político, y que la política es la ciencia que investiga cómo llegar al bien supremo para los hombres. Es un desiderato muy plausible que nos llega de la Grecia clásica, pero por suerte o por desgracia no suele coincidir con la realidad.

Una de las comprensibles motivaciones del buen político actual es conseguir reunir el máximo número de votos de acuerdo con sus posibilidades. Hablaremos más extensamente otro día de ello, pero este es uno de los principales motivos por el cual la política contemporánea -en especial y de una forma desmedida, la política de la maquinaria progresista autosubvencionadora- no se interesa por el bien del ciudadano, sino por los bienes a cambio de los cuales el ciudadano puede prestar su voto a una determinada opción política.

Uno de los mejores mecanismos que tiene a su disposición un recolectador de votos es la incitación a las vísceras, la búsqueda de la ausencia de reflexión y la primacía de la irracionalidad. Y qué mejor forma de conseguirlo que soltando un buen puñado de exabruptos.

¿Quién dijo que la política es elegante? Identifiquen a los autores de las siguientes deposiciones:

(1) Anguita y Aznar, los dos son la misma m***da

(2) Manda h***os

(3) Que se metan el indulto por donde termina la espalda

(4) Nosaltres no ens ac***onim davant de Madrit

(5) Eshte tío esh tonto del c***

(6) A mí, ese Rajoy me parece un poco mariposón

(7) En estas elecciones ha habido diez millones de hijos de p***

(8) Simancas jo*eté, Madrid es del Pepé

(9) El vicepresidente se ha comportado como un marrano

(10) Pilar, això és com si jo et dic que tu ets una grandíssima filla de p***

(11) A nosotros los vascos no nos asusta lo que diga ese enano mental de Aznar


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Hablando de irracionalidad. Eso es la civilizada sociedad palestina: una horda de semianimales enloquecidos en torno a un cadáver.